Los muertos que no cuentan

14/Jul/2014

ABC, España, Por Ramón Pérez Maura

Los muertos que no cuentan

El desencadenante de esta operación de defensa israelí, la tercera desde que se
retiró de Gaza en 2005, fue el asesinato de tres jóvenes israelíes, dos de
ellos menores de edad, que habían sido secuestrados el 12 de junio. Cuando la
Policía identificó a dos posibles autores del secuestro, la madre de uno de
ellos, Amer Abu Aysha de 33 años, declaró a los informativos del Canal 10 que
«si mi hijo es el autor del secuestro, estaré orgullosa de él».
Y esta mujer sigue la línea de otras madres que se declaran
orgullosas de sus hijos, que se suicidan con bombas adheridas a sus cuerpos e
ingentes cantidades de metralla para así causar el mayor daño a las fuerzas de
seguridad israelíes. ¿Qué clase de madres son esas? ¿Qué tipo de Estado puede
surgir de una sociedad que genera madres así?
En Gaza, la pequeña franja de tierra controlada por
Hamás, que es una formación minoritaria entre los palestinos, las cosas se han
vuelto complicadas para los gobernantes. Y no precisamente por culpa de Israel.
Hamás ya no tiene el apoyo de los Hermanos Musulmanes en El Cairo. El
presidente Mohammed Mursi ha acabado en prisión. Y la permeabilidad de la que
han disfrutado durante algún tiempo en su frontera con Egipto se ha visto
drásticamente reducida. Y en Damasco, Bashar al-Assad tiene hoy preocupaciones
más inmediatas que las de ocuparse de Gaza.
El sistema anti misiles «Cúpula de hierro», que ayer era
claramente descrito en ABC, ha permitido a Israel hacer frente a la lluvia de
cohetes palestinos sin bajas. Y la respuesta a esos cohetes por parte de Israel
ha causado ya un número de bajas que se aproxima al centenar. Pero claro, esos
muertos son muy útiles para Hamás: son víctimas que no cuentan desde el punto
de vista humano. Pero sí valen -y mucho- desde el punto de vista
propagandístico en un pueblo en el que las madres pueden estar orgullosas de
que sus hijos secuestren y asesinen o se suiciden. Hamás apuesta sobre seguro:
nadie pedirá cuentas a las autoridades de la Franja de Gaza por buscar la
confrontación con Israel. La culpa será siempre de Israel por reaccionar ante
el asesinato de los suyos.
Desde este Occidente de la corrección política se elevará
un clamor popular exigiendo contención por ambas partes. Como si habláramos de
entidades iguales. Mientras en Gaza se jalea a los secuestradores y suicidas,
en Israel caerá todo el peso de la ley sobre los jóvenes israelíes que días
atrás se tomaron la justicia por su mano y asesinaron a un chico palestitino en
represalia por la muerte de los tres judíos.
Probablemente sería más realista admitir de una vez dónde
está el problema. Incluso para el presidente palestino Mahmud Abbas. Porque
también para Abbas el problema es Hamás. Los ataques de respuesta de Israel en
Gaza empiezan a tener una cadencia de cada tres años. Quizá fuesen más útiles
si admitiéramos que tendrían sentido si atacaran el órigen del problema y no
las consecuencias del mismo. Y el origen de ese problema es la capacidad que
mantiene Hamás intacta para guerrear contra Israel y, cuando quiere, contra la
Autoridad Nacional Palestina.
Pero, por supuesto, quien no quiera aceptar esto puede
seguir haciendo lo mismo que hasta ahora: acusar a Israel de todo y hacer como
que no ve nada. Enhorabuena.